Las apuestas difieren de otros juegos de azar no sólo en su mecánica, sino en la forma de pago de los premios.
En las loterías, por ejemplo, los premios dependen de la cantidad de personas que hayan jugado, y siempre es un porcentaje fijo de la recaudación, cuando no hay, como en Euromillón, un tope máximo para el primer premio. En las quinielas, del mismo modo, uno apuesta una cantidad de dinero y cobra proporcionalmente al dinero apostado.
Pero en las apuestas, el dinero que ganemos dependerá de varios factores. Por ejemplo, de la cuota que fije la casa de apuestas para un evento determinado. La casa de apuestas establece una valoración que se refleja en forma de coeficiente y varía según las circunstancias particulares y generales de cada evento.
Además de esta cuota, lo que determina la cantidad de dinero que cobraremos por nuestra apuesta tiene que ver con la demanda y la oferta, es decir, con lo que cada apostador individual decida apostar (o no) para cada evento.
Por estos motivos conviene siempre estar atento a la evolución de las apuestas para el evento que elijamos, para verificar cómo se comporta a lo largo de los días.